Diseñando mi camino: El fenómeno del “diseño mexicano” y nuestra labor como diseñadores mexicanos

Lunes 24 de Julio de 2017 Publicado por Diego Olguín

La forma en la cual terminé en el mundo del diseño industrial es muy curiosa. Hace seis años yo no sabía lo que era ser un diseñador industrial ni que uno se podía dedicar a eso. El primer acercamiento a este mundo maravilloso de posibilidades sin fin fue cuando, en mi último año de la preparatoria, una amiga me llevó un folleto de la carrera en CENTRO. Este incluía una fotografía del Broomstick Shelving System de Diego Rodrigo Da Silva. Esa imagen se quedó tan grabada en mi cerebro que aún hoy, seis años después de ese momento le atribuyo el haberme abierto la puerta a lo que soy hoy en día.

 

Utilizo este ejemplo para abrir mi ensayo porque me parece el ejemplo perfecto de lo que conocemos  en el gremio como diseño industrial mexicano. La pieza en cuestión, un sistema de guardado apilable para piso, cuenta con un sistema de ensamble de palos de escoba, los cuales tienen cierta separación entre sí para que al ponerse uno encima de otro, estos encajen perfectamente uniendo ambas piezas. La escoba es un objeto de uso cotidiano en muchas partes del mundo, que en mi caso particular asocio con mi abuelita limpiando la casa y con mi abuelito barriendo las hojas del jardín. Es algo que hace resonancia en mi mente con la familia y el hogar, y supongo que es así para muchos.

Lo que conocemos como diseño mexicano mainstream se basa mucho en este tipo de objetos que nos remiten a equis o ye situación, fecha, fiesta, oficio, etc. y hace uso de ellos como temas o motivos sobre los cuáles se diseña un objeto en particular. Hagamos un ejercicio mental y pensemos en los grandes exponentes contemporáneos:

Ariel Rojo, egresado del CIDI,  desde hace mucho tiempo diseña bajo temáticas de clichés mexicanos: el nopal, el luchador enmascarado, la calaverita de azúcar, por mencionar algunos. Uno de sus proyectos de interiorismo se basa enteramente en el peltre, técnica de vitrificado que todos conocemos y que lo más probable es que hayamos sido dueños de un objeto con este acabado azul porcelanizado.

Cecilia León de la Barra, curadora, académica y diseñadora egresada de la Universidad Iberoamericana retomó la silla Acapulco en más de una ocasión para sus diseños, y los tradicionales floreros de plástico que vemos en todas las ofrendas de día de muertos y altares de iglesia, volvieron a nacer con una nueva materialidad cerámica y un costo mucho más alto.

Finalmente, analicemos el fenómeno Mexico is the Shit. Esta chamarra que ha causado revuelo en redes sociales, diseñada por Anuar Layón, reza en la parte trasera esta frase anglosajona que busca comunicar al mundo que somos unos chingones. El mensaje es apropiado dada la situación en la que nos encontramos con nuestros vecinos de allá arriba, sí, pero, ¿es realmente necesario que le gritemos a todos, a los cuatro vientos, que somos increíbles?

¿Es necesario retomar objetos, abusar de técnicas artesanales, sentirnos con el deber de educar a todos para hacer diseño mexicano? ¿Por qué siempre lo llamamos diseño mexicano y no solo diseño?

¿Y qué si solamente diseñamos? ¿Y si diseñamos bien? ¿Qué pasa si dejamos que el diseño mexicano sea conocido por bueno y no por mexicano? Los mexicanos tenemos la suerte de vivir en un país rico en materiales, procesos y técnicas que se encuentran 100% al alcance de nuestras callosas manos, la mano de obra es relativamente costeable y siempre estamos a la disposición de resolver problemáticas de todo tipo de las formas más inesperadas.

Podríamos entonces valernos de lo arriba mencionado y junto con nuestro gran talento diseñar cosas que hablen por sí solas de lo que es México y lo que es diseño mexicano; que representen la buena mano de obra y calidad y nuestra gran capacidad de respuesta. Para mi, el hecho de que algo sea diseñado en México debe de tener las características de la letra H en la lengua española: ahí está presente, pero no habla; se encuentra sigilosamente haciendo su trabajo y asegurándose que todo se lea como debe leerse.

 

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