Diseño

Relatos: la cerámica de Seto

Jueves 21 de Julio de 2016 Publicado por Gerardo Sandoval Osio

Damos la bienvenida a la nueva columna de Relatos escrita por Gerardo Sandoval Osio, interesado en la artesanía de toda cultura, su materialidad, sus procesos y su impacto en la vida cotidiana. ¡Bienvenido!

Un mes en Japón y ya estaba ansioso por comenzar; debía asistir a dos meses de curso de idioma japonés en la ciudad de Nagoya antes de dar inicio con el programa de diseño moderno y artesanía tradicional japonesa de JICA (Japan International Cooperation Agency), el cual era necesario para poder sobrevivir en un país con una cultura totalmente diferente a la nuestra. Uno de nuestros asesores nos comentó sobre un pueblo famoso por su cerámica llamado Seto, el lugar estaba a solo 45 minutos, teníamos tiempo libre los fines de semana así que decidí empezar a explorar la artesanía de éste país tan misterioso lo más pronto posible. Terminando la semana unos cuantos amigos y yo tomamos un tren hacia dicho pueblo.

Al llegar, Seto me dio la impresión de ser un pueblo común, un tanto vacío y sin mucho movimiento, pero sólo fue cuestión de caminar un poco para descubrir su riqueza que podría pasar desapercibida por muchos. Calles, bardas y escalinatas con piezas viejas de cerámica incrustadas y pequeños establecimientos que venden vajilla fabricada en el pueblo por doquier son las primeras cosas que se pueden observar en el lugar; nos dirigíamos hacia el museo de cerámica Seto-Gura Museum.

Setomono

La visita a Seto-Gura Museum fue sorprendente, el museo es relativamente pequeño pero su excelente distribución permite mostrar desde la historia de la cerámica de Seto hasta la evolución de su proceso de producción. Las piezas fabricadas en el lugar, conocidas comúnmente como “setomono” (objetos de Seto), tienen la característica de ser en su mayoría piezas blancas con decoraciones en azul, esto me recordó a la talavera que se produce en México; son objetos muy delicados y con una calidad impresionante que cualquier japonés reconoce al verlos.

La producción de cerámica en Seto como tal comienza en el siglo 13 y, como muchos otros conocimientos implementados en Japón en aquella época, los procesos y la estética de los objetos cerámicos fueron importados de China; pronto fue reconocido como un centro cerámico importante en el país. Gracias a su popularidad, los objetos producidos en Seto los puedes encontrar por todo Japón y además exportan a países Europeos desde siglos atrás. En la exhibición se puede observar cómo se producían estos objetos antiguamente y cómo ha evolucionado hasta hoy; muestran herramientas que van desde picos para extraer la materia prima, molinos, ruedas de alfarero hasta hornos, además de materiales usados para las mezclas y vidriados.

Seto-Gura Museum

Los hornos usados antiguamente fue de lo que más me llamó la atención; llamados “noborigama”, son unos hornos que cuentan con varias cámaras de quema distribuidas una sobre otra en un plano inclinado, usualmente ubicados bajo una colina debido a las condiciones topográficas que permiten su construcción. El fuego es alimentado desde la cámara que se encuentra en el nivel inferior y el calor sube a las otras cámaras por medio de ventilas, esto permitía quemar una gran cantidad de piezas al mismo tiempo. La desventaja es que se requiere mantener el fuego por muchísimas horas para poder alcanzar la temperatura deseada para la quema; al llegar los hornos de gas y eléctricos, los noborigama fueron rápidamente reemplazados.

En éste museo pude descubrir un dato curioso sobre los productos cerámicos en Japón durante la Segunda Guerra Mundial. El gobierno de Japón necesitaba producir armas y máquinas de guerra, por lo que se vio en la necesidad de pedirle al pueblo que entregaran todos los objetos metálicos que poseían para poder abastecer su producción, los cuales en su mayoría eran objetos de uso diario como planchas, teteras, utensilios de cocina, etc. Para sustituir estos objetos, el gobierno ordenó a los ceramistas del país que produjeran estos mismos utensilios pero en cerámica, ya que poseer objetos metálicos en éste momento era un asunto ilegal. Los ceramistas de Seto tuvieron una buena época económicamente, producían grandes cantidades de piezas y éstas se distribuían por todo el país.

Después de la Segunda Guerra Mundial ocurrió algo que me impactó; tanta era la producción en los talleres de Seto que el río que corre a lo largo del pueblo se vio muy contaminado por el material de desperdicio de dichos establecimientos. La transparencia del agua se vio teñida de un color blanquecino debido al polvo que era desechado por los ceramistas. Al darse cuenta del problema ambiental que enfrentan, el gobierno local acordó en disminuir la producción de los talleres para poder restablecer el ecosistema del río que es la fuente de vida del pueblo. Los talleres regresaron a producir en cantidades más pequeñas y a vender sólo lo necesario para subsistir, pero la calidad y la importancia de los objetos fabricados en Seto prevalecieron.

Seto-Gura Museum 1

Continuando con la visita, nos adentramos en Seto hasta llegar a un vecindario alejado del centro, nos encontrábamos en el área de producción del pueblo. Éste vecindario, de arquitectura tradicional japonesa (casas de madera con tejado de cerámica a dos aguas), está ubicado en una pequeña colina, con calles estrechas e irregulares que te permiten observar los talleres de cerámica por doquier. Cada taller cuenta con un pequeño horno de gas o eléctrico y están ubicados uno al lado del otro. Al final de éste recorrido llegamos a una antigua escuela de ceramistas que hoy sirve como museo, aquí es donde pude apreciar la inmensidad de los hornos “noborigama” y la producción tradicional de algunas piezas, la cual tiene muchas similitudes de cómo se produce la cerámica en México.

Noborigama

Terminamos el día caminando de regreso a la estación de trenes, parando de vez en cuando en alguna que otra tienda que veíamos por la calle. En el camino me vinieron a la mente algunas reflexiones:

Es interesante como los ceramistas de Seto han evolucionado con el tiempo, adaptándose a la tecnología moderna pero al mismo tiempo conservando técnicas tradicionales, es algo que ha marcado la supervivencia de su oficio y su prevalencia en el mercado.

El ingenio que tuvo el gobierno japonés para sustituir productos metálicos por cerámicos es impresionante, sabían que la cerámica es uno de sus oficios más fuertes y supieron utilizarlo en momentos de necesidad.

Otro aspecto importante es el respeto que el pueblo japonés tiene hacia la naturaleza, a tal punto que pueden llegar a restringir la producción de una gran cantidad de negocios por conservar el medio ambiente, saben que no ocupan más de lo necesario. ¿Cómo sería si todos los negocios se dieran cuenta de la importancia que tiene conservar y cuidar nuestro ecosistema y que en realidad no necesitamos de tanta producción, tanta venta, tanto dinero?

Definitivamente la adaptabilidad es una característica de Japón que podríamos aprender y aplicar no solo en nuestro oficio pero también en nuestra vida.

Éstos y muchos otros pensamientos daban vueltas en mi cabeza, estaba emocionado por todo lo visto y lo aprendido, al mismo tiempo me preguntaba qué otros secretos y lecciones escondía Japón. Ahora estaba más ansioso que nunca por comenzar con el programa, sabía que lo mejor estaba por venir.

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